martes, 14 de septiembre de 2010

Las valijas estaban listas, los pasaportes también lo estaban, ni que decir de los billetes de avión pues los habíamos comprado con muchísima antelación.

Nuestro destino era el más osado viaje que como joven familia alguna vez nos hubiéramos imaginado. Seríamos misioneros muy lejos de casa.

Todo había quedado atrás, las más tristes despedidas las incomprendidas explicaciones de por qué lo hacíamos,  los besos de los abuelos a su nieta, las interminables conversaciones con nuestros mejores amigos.

Tampoco había sido fácil despojarnos de los muebles, de nuestro apartamento, y de todo eso y más que ya no vale la pena detallar.

Si alguien nos hubiera preguntado esa mañana en el aeropuerto del motivo de nuestro viaje, hubiera sido sin titubear que íbamos para que más uruguayos conocieran a Dios.


Pues estábamos altamente preocupados y expectantes de lo que Dios quería hacer a través de nosotros, de lo que ocurriría cuando comenzáramos a trabajar para iniciar la oficina que atendería a líderes juveniles en el Uruguay.
Repitiendo muy posiblemente el patrón de millones de cristianos que viven preguntándose y preocupándose siempre acerca de lo que Dios quiere hacer a través de ellos, perdiéndose de vista de lo elemental y central que hoy creo que para Dios es más importante.
Ya que mirando en perspectiva estos tres años como misioneros en los que nos hemos enfrentado como familia a las más diversas circunstancias, muchas de las cuales te aseguro que jamás estábamos preparados para enfrentarlas.
Situaciones que han sido literalmente como una montaña rusa, en la que te embarcas y solo sabes que vas a pasar un rato intenso.
Me hacen hoy  entender que Dios está más preocupado en lo que Él originalmente quiere hacer en nosotros que a través de nosotros.
El quiere que le conozcamos y que ese sea el motor de todo lo que después ocurra con nuestras vidas, que le reconozcamos cuando experimentamos escasez, fortuna, tristeza, soledad, alegría y todo el abanico de situaciones y emociones con las que nos enfrentaremos.
No hay otro camino si quieres que Él haga algo a través de vos, debes primero conocerlo, eso sí quítate de la cabeza que a Dios se le conoce solamente sentado en una banca escuchando un sermón dominical y mirando la nuca del hermano que tienes frente a vos.
Dios se place que lo conozcas en lo REAL de tu vida y no en los ambientes seguros y ficticios por eso es que se empeña en llevarnos a caminar junto a Él por los caminos olvidados y empedrados de la locura que muchas veces puede representar las situaciones de tu vida.
Conocerlo incluye verlo a través de las alegrías y milagros que solamente puede El provocar en tu familia, pero conocerlo también abraza verlo por los vitrales oscuros del sufrimiento.
Cuando le conozcas por esos caminos te volverás alguien que entiende que puede también servirle a un Dios que ama estar presente en tu senda y desea verte marchar como su instrumento por los caminos de otros que aún no alcanzan a verle.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Entrevista para la Revista Vamos !

Hace unos días me hicieron una breve entrevista para la revista de la Sociedad Internacional Misionera, acerca de como miraba desde mi optica los temas de Jóvenes y Misiones.

Y ya que en unos días solamente viajo a Costa Rica para una consulta organizada por COMIBAM acerca del mismo tema quisiera dejarles algo de la entrevista por acá, pues me parece valioso que la Iglesia reflexione de como hoy los jóvenes perciben el desafío de involucrar sus vidas en la Gran Comisión.


¿Consideras que los jóvenes son un campo urgente de misión?, ¿Por qué?
Definitivamente los jóvenes constituyen un bastión donde la iglesia de Jesucristo si desea volverse relevante para esta generación y las próximas por decirlo de alguna manera deberá de apuntar sus cañones, de manera más contundente.

Pues como nunca antes ciertas regiones del mundo son jóvenes solo en Latinoamérica se estima que para el año 2012 más del 70% de la población tendrá menos de 25 años. No sería descabellado pensar que en otros continentes tales como África ó Asia la estadística podrían ser muy parecidas.
Ahora bien no solamente está el valor demográfico en que los jóvenes consisten para la misión de la Iglesia, sino que también no podemos perder de vista que las personas en esta franja de edad está tomando las decisiones más condicionantes de su vida como por ejemplo que va estudiar, y con quien se va a casar.

Que la Iglesia les toque en ese punto no es cosa menor ya que podemos influenciarles con el Evangelio de Jesús cuando recién están desarrollando parte importante de sus identidades.



¿Cuáles serian algunos requisitos o pautas para trabajar con la juventud?, ¿Cómo animarías a la iglesia a involucrarse en este tipo de ministerios?
Para entablar un acercamiento con las nuevas generaciones ha de estar presente el elemento central y unificador de cualquier ministerio cristiano, y ese es el AMOR.
Acostumbro a decir que” los adolescentes no se toleran sino que se aman” pues claro que necesitamos programas contextualizados, visiones más amplias que entiendan la diferencia entre metodología y función, y por supuesto mucha energía para subirse a la montaña rusa que viven nuestros adolescentes y jóvenes, pero lo cierto del caso es que nada de esto se dará genuinamente ni surtirá el efecto esperado si no hay verdadero amor hacia ellos.
En ocasiones no sé si será mejor animar a la Iglesia ó asustarla. Lo digo en términos jocosos ya que la iglesia no puede olvidársele que una congregación sin jóvenes es una congregación con sus días contados para que su edificio llegue a ser destinado a una buena bodega ó quizás un lindo restaurante.



¿Cree que el movimiento juvenil latinoamericano está más dispuesto a servir al Señor en las misiones o por el contrario nos urgen desafiarlos?

Acá hay un punto interesante en tu pregunta, ya que no podemos desviarnos que los ministerios juveniles están íntimamente conectados con la Iglesia en general latinoamericana.


No podemos perder de foco que hoy gran parte de la Iglesia está enfrascada en ciertas teologías que la vuelven miope ante el desafío mundial de alcanzar con entusiasmo su entorno y lo último de la tierra. Y esto lamentablemente en buen porcentaje se ha contagiado a la juventud cristiana de nuestra Latinoamérica.

En contraparte creo que deben de adquirir un rol más protagónico ministerios enfocados en enriquecer la visión misionera de la Iglesia y redefinir el cómo movilizamos esta generación de manera contextual aprovechándonos de las tendencias y valores de la misma.

Algún testimonio de jóvenes que estén sirviendo al Señor en misiones o de ministerios misioneros para alcanzar jóvenes

Hace algunos años siendo yo un adolescente junto a quien es hoy el director de FEDEMEC, comenzamos una versión juvenil de la organización de manera voluntaria.
Nos enfocábamos fuertemente en compartir el que dice la Biblia de las Misiones Mundiales, y cómo los chicos podían responder al llamado afectando la eternidad de millones alrededor del mundo desde donde estaban y cómo en el futuro Dios podría llevarlos a ser sal y luz a otras latitudes.


Dicho mensaje siempre encontraba canales creativos y contextualizados para que nuestros receptores tuvieran acceso a este mensaje sin morir del aburrimiento.

Hoy cuando miro esos años que viví en ese ministerio desde el Uruguay donde hoy soy misionero junto a mi familia y cuando le escribo un email a otros amigos que fueron parte de ese ministerio y están involucrados con la Misión Global de Dios, sé que ese trabajo valió la pena.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Cuando se apagan las luces

Cuando era niño no recuerdo nunca haber tenido temor al apagarse las luces al llegar la hora de dormir, y eso que no era precisamente el chico más valiente, eso sí un detalle que no puedo pasar de contar es que hasta casi los cinco años dormí con mis padres.



Éramos una familia numerosa en una casa pequeña y eso complicaba el tema que cada uno tuviera su propia habitación, así que en el poco espacio del cuarto de mis padres dormíamos uno de mis hermanos y yo, nos acomodábamos en unas colchonetas al lado de su cama y allí dormíamos.


Yo soy el menor de todos, siempre fui bastante cuidado especialmente por mi madre quien para ella yo era algo más que sus ojos quizás porque cuando nací casi ambos morimos.


Así que cuando las luces se apagaban yo saltaba y me metía en medio de mis padres, acomodándome entre las frazadas, sentía el calor que solo tus padres te pueden dar, tal vez no éramos la familia con más comodidades pero yo era un niño feliz al llegar la noche.


Años más tarde me doy cuenta que las situaciones no siempre caminan bajo la feliz luz de la tranquilidad y que al contrario en muchos pasajes de mi vida he sentido que las luces alguien las apaga.


Cuando trato de ver hacia qué norte seguir pero no lo consigo, cuando veo que ciertos pilares que me producen seguridad se pierden entre las nieblas de lo oscuro, ó como cuando caigo en la dura y expuesta realidad que no todo está bajo mi control.


Luces que cesan en mi horizonte, que dejan de brillar que dejan de sonreír para que caminar con paz en el corazón y que en cambio lo que te ocurre es que como aguas corren por tu alma los temores y las dudas.


No solo no puedes ver sino que tus sentidos se distorsionan, como si a la brújula de tu vida las mareas de las situaciones le hayan enloquecido, por instantes lo único que deseas es correr como lo hacen los adolescentes para abrazar su almohada y llorar con ella como si esta les entendiera.


Recordando mi infancia, ahora sé que no era tan valiente, sino que la diferencia la hacía al saltar a la cama de mis padres en cuanto las luces se apagaran, en eso consistía mi valor.


No todo es aterrador al apagarse las luces en tu vida, si es que sabes hacia dónde ir. Las sombras no te son tan altas cuando puedes experimentar los brazos de tu Padre.


La maravillosa Gracia de Dios puede contenerte como lo hace una gallina con sus polluelos, cubriéndote con sus alas para que el terror nocturno ni siquiera te roce.


Su amor es tan brillante que cuando pienses que no sabes en donde estas, del mismo desierto nocturno el traerá una columna de fuego para calentarte y sepas donde te encuentras.


Si vas a saltar hacia alguna parte cuando no puedes más porque tus fuerzas se han agotado que lo sea hacia el regazo de Dios, pues este, es el mejor lugar donde nunca jamás podrás estar.

Andrés C.