Unas noches atrás me ocurrió algo sencillamente maravilloso, fue escuchar por primera vez el balbuseo de mi hija Camila. Ocurrió en el marco esplendido de una noche primaveral una de esas de las que no hay que dormir con muchas frazadas encima y que levantarse de noche no es un suplicio por el frio.
Había llorado antes y Sonia la trajo hasta nuestra cama bastando solamente unos momentos para que comenzara un concierto diferente, solo que esta vez no era su llanto pidiendo la comida que su mami le provee sino que eran como microscopicas palabras que salían de sus tiernos labios.
Me incorpore le mire y vi que estaba haciendo todo el esfuerzo que como pequeña bebe podía hacer tratando de sacar algo que se le notaba que era nuevo en su boquita.
Rapidamente y como un tirón por toda mi espalda recorrió un cosquilleo que mi hizo abrir mis cansados ojos para disfrutar en aquella ecena todo el postre de gracia que Dios me concedía al tenerle a nuestro lado, sin duda esa noche estaba asombrado.
Que rápido se puede ir por la vida y perder la capacidad de asombro en el cuerpo de Cristo ó también con que facilidad podemos estar asombrandonos por las luces y grandes plataformas desde las que hoy la iglesia parece muchas veces construírse ó más bien descontruirse… y que al final si son ellas el objetivo y no el medio estaremos asombrandonos por espejismos de carretera.
El asombro en el cuerpo de Cristo debe de estar colocado hacia ese misterio del que nos habla en Efesios de esa cruz en la que el Señor nos acerca y nos hace a todos aquellos que en el creamos por la fe en su sacrificio participes de la Gran familia de Dios.
Si hemos de asombrarnos en algo que sea en el descubrir en su palabra todo cuanto el hizo por nosotros para que estuvieramos con EL y mostrarle al cosmos y potestades las riquezas de su incomparable gracia.
Asombremonos de lo que Dios desea hacer por medio de su pueblo entre los adolescentes , entre los viejos en medio de las hospitales y las celdas como en las calles y universidades, como en entre todas las familias que componen este mundo.
Fijemos nuestros ojos en su sacrificio, en su tumba vacía y en sus comisionantes palabras pronunciadas cuando ascendía al cielo a la derecha de su Padre acerca de que seríamos sus testigos desde nuestros entornos y hasta los más remotos y caoticos contextos.
Sí vas a llevar a la gente que de alguna manera sirves hayan ó todavía no le hayan conocido, hacia algun lado que sea hasta un sitio donde se asombren por algo tan impresionante, extremo , vibrante y siempre oportuno como lo es su sacrifio y comisión.
RECUPEREMOS NUESTRA CAPACIDAD DE ASOMBRO Y AYUDEMOS A OTROS A DESARROLLARLA, LA ESCUELA PARA ESTO SE ENCUENTRA DANDO LA VUELTA POR EL INCOMODO SITIO DEL GOLGOTA PASANDO POR LA VICTORIOSA TUMBA VACÍA Y LLEGANDO HASTA EL MONTE DONDE UNOS CUANTOS MIRAN HACIA ARRIBA.
