sábado, 22 de enero de 2011
TODAS Y NINGUNA
Mateo 14:22 -33
¿Qué posibilidades existían de que Pedro al bajar de la barca para caminar sobre las aguas fuera derrotado por la tormenta?
Seamos honestos, solo el hecho de pensar que él podría caminar sobre las aguas si tan solo el que ya lo estaba haciendo era Jesús, denotaba en él un sentido distinto de fe a los otros que se quedaron en la barca.
Los otros solo se quedaron pálidos del susto! Y ni tan siquiera hablaron… solo podían pensar en su cansancio, en la tormenta, y ahora la tormenta de dudas y temores en su interior por “el milagroso susto” que les provocaba lo que miraban.
Pero nuestro amigo Pedro no estaba conforme con mirar y no participar… él no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de ser parte de lo impensable, de lo inimaginable que era caminar con Jesús en medio de la tormenta y sobre las aguas: ¡TODO ESTO AL MISMO TIEMPO!
Comenzó su travesía saltando de la barca, y dejando atrás todas las dudas, temores, preconceptos, conformismos y luchas, con tal de desandar un camino nuevo e inimaginable.
Meditando en la escena pienso en los riesgos, y caigo en cuenta que por un lado él tenía todas las posibilidades de fallar… piensa que no estaba caminando sobre el firme suelo de un bello parque en medio de una tarde primaveral. Él estaba por saltar al agua en una fría noche rodeado de una terrible tormenta.
El tenía todas las posibilidades humanamente posibles de ahogarse, y de ¡no contar el cuento!
Pero al mismo tiempo no corría ninguna posibilidad de fallar ya que en tanto su mirada se colocará en quién hacía posible lo imposible y lo impensado una realidad, sus pies caminarían milagrosamente sobre las aguas.
Pedro dio varios pasos en firme, pero el viento que le pasaba por la cara, la lluvia que lo empapaba, la oscuridad y talvez los gritos de sus amigos que se habían quedado en la barca comenzaron a hacer que quitara sus ojos de lo que debía mirar: Los Ojos de Jesús.
Rápidamente pronuncio una breve y sincera oración de dos palabras: ¡Señor sálvame!
Al momento Jesús fue hasta él y lo salvó.
Talvez te haz decidido por saltar de la barca, de tu comodidad, de la religión sin sentido, de la rutina, ó en tu ministerio estás luchando por darle un giro y hacerlo bien, ha demandado una cuota mayor de fe el simple hecho de solamente saltar al agua y ahora que comenzaste tus pies han comenzado a hundirse.
Es posible que en el camino sobre las aguas pusieras tus ojos en las inclemencias del tiempo, de los conflictos, de lo complejo que es cuando intentas entrar en un nuevo compromiso con Jesús, ó quizás prestaste tus oídos a las palabras de los que se quedaron en la barca, ahora ya no importa sientes ¡que te hundes! ¡Que te ahogas!
Te tengo una buena noticia recuerda que no estás solo caminado sobre las aguas, que cuando decidiste saltar de la barca Jesús ya estaba allí esperando para caminar contigo y que Él no dejará que te hundas, solamente debes implorar por su ayuda y el te dará su oportuno socorro, te dará su gracia, su sabiduría, su perdón, su misericordia y te extenderá por siempre su mano, para que en medio de la noche y la tormenta sientas su poderosa compañía.
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