lunes, 1 de agosto de 2011

Reflexionando acerca del anonimato ...

Tomado del texto sin editar de: Dios te invita a su aventura





Grandes afiches llenan nuestras librerías evangélicas, cada vez más abarrotan nuestros mails comunicados de prensa algunos de ellos exagerados de ministros que van por el mundo contándonos a todos las supuestas proezas que acaban de realizar.

Sin duda alguna el anonimato no es algo que este en boga o que marque tendencia en nuestra iglesia actual, nadie le gusta no ser conocido, tampoco ser el segundo y mucho menos el último, parece que todo es válido, sí se hace por una oportunidad para quedar estampado en la retina de muchos al ser seguido por los reflectores en alguna plataforma.

Lo más triste de esto, es que tenemos una generación levantándose que ha crecido viendo esta realidad y tomándola como algo hasta espiritual, aún algunos están pensando y rogándole a Dios para que el propósito de su vida se parezca a la de sus estrellas evangélicas, no porque anhelen a veces sus cualidades sino por el simple deseo de estar frente a multitudes, perdiéndose de vista que seguramente Jesús los necesita en otro sitio aunque esto les envíe directamente como una canasta de tres puntos al anonimato evangélico.

Hechos 8:26

Espero que recuerdes la historia de Felipe aquel diacono de la recién comenzada iglesia en Jerusalén y del cómo este anunció las buenas noticias aquel etíope que volvía en su carro del templo de Jerusalén ya que había venido a adorar.

Felipe escuchó la voluntad de Dios a través de un ángel para que se dirigiera rápidamente hasta un camino poco utilizado, hacia el sur, bajando de Jerusalén hacia Gaza, un camino desértico, donde aparentemente no había nada ni nadie; solo que en esta ocasión sí estaba aquel etíope urgido de comprender los misterios de Dios y encontrar en su palabra la verdadera esperanza.

Firmemente pienso que tenemos urgencia de servir a la oveja pérdida, pero nos enfrentamos al desafío que casi todos hoy quieren solamente servir a las 99, pues implícitamente un factor que nos detiene a hacerlo es que esto podría sacarnos del “ambiente” de esa estación dónde con suerte capaz despegamos y podemos volvernos conocidos.

Hoy tenemos un mundo que reclama nuestra presencia, que está por fuera de nuestro “ambiente evangélico” y que como el etíope o la oveja perdida necesitan que vayamos por ellos, aunque tengamos que dejar nuestro aprisco y embarcarnos en la odisea de buscarles por los caminos más desconocidos para la iglesia.

Cada día miles van a una eternidad sin Cristo, en las regiones más perdidas de la tierra, por falta de pastores que sean enviados a brillar hasta ellos, sin importarles que su servicio sea solo conocido por Dios, por la iglesia que les envía y por aquellos a quienes están arrebatando del fuego.


14 Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique?15 ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: «¡Qué hermoso es recibir al mensajero que trae[a] buenas *nuevas!»
Romanos 10: 15

No hay comentarios:

Publicar un comentario