sábado, 8 de octubre de 2011

Mudanzas y algo más



--Manteniendo saludable nuestra relación matrimonial--

Mi esposa y yo, ya hace casi ocho años que frente al altar nos prometimos amor para toda la vida, aunque lo que no sabíamos muy bien ese día, es que nuestra vida estaría muy ligada a maletas, aeropuertos y en especial mudanzas.

En este tiempo de estar juntos, nos hemos mudado casi 10 veces y hemos vivido en tres países diferentes, tenemos dos hijas y ambas nacieron en dos países distintos.

No somos trotamundos solo hemos querido hacer lo que hemos creído en nuestro corazón que Dios nos pedía que hiciéramos.

En este peregrinaje como familia, hemos comprendido la amplitud de la palabra mudanza, eso que significa tratar de sacar tus raíces de un sitio y llevarlas contigo a otro lugar nunca es cosa fácil, pero siempre que hemos tenido que enfrentar la situación de mudarnos hemos tenido grandes lecciones que aprender.

Una de ellas tiene que ver con lo distintos que somos los hombres a las mujeres, recuerdo la primera mudanza de un país a otro, y Sonia tratando de llevar miles de fotografías con nosotros a lo que yo le replicaba que eran mucho peso y que íbamos a pagar demasiado a la aerolínea por equipaje.

Sonia deseaba llevar consigo gran parte de su historia personal a través de los recuerdos que suponen las fotografías, para mí esto era casi una niñería así que mientras ella pensaba en llevar un poco de tierra para sus raíces y las de la familia yo pensaba en términos de costos y lo que tendríamos que pagar en el aeropuerto.

Un par de años después cuando tuve la oportunidad de viajar solo a nuestro país natal, me rencontré con algunas de estas fotos en la bodega dónde habíamos dejado algunas cosas, al verlas no dudé en traerlas conmigo, cuando llegué se las enseñé y juntos las vimos, esa tarde reímos y lloramos viéndolas, entonces comprendí desde ese sitio del corazón de realmente lo que nos habíamos perdido por no traer con nosotros aquellos empolvados álbumes de fotos la primera vez que pudimos hacerlo.

Las mudanzas son la experiencia de tener que elegir que colocar en una caja de cartón, así también en la vida siempre estamos encontrándonos frente a esa experiencia de elegir que llevar en el equipaje de nuestro corazón y de nuestro matrimonio.

Día tras día elegimos casi sin darnos cuenta que cargar con nosotros, si llevamos lo importante o lo que es intrascendente, y aún podríamos caer en la tentación de solo pensar en las cosas que de manera individual creemos que son importantes y no en aquellas cosas que son importantes para nuestros conyugues con quienes compartimos nuestras vidas.

TRES cosas importantes para llevar en nuestro matrimonio


La amistad con tu conyugue

Ser amigo de tu esposo (a) no es una opción, ella o él debe volverse tu mejor amigo (a) y cultivar esta amistad no es algo que sea responsabilidad primaria solo de él o de ella.

Siempre cuento de un pasaje de la vida de Jesús en relación de lo que seguramente significaba la amistad para él, y ese lo fue cuando le dijo amigo a Judas al momento de entregarle. Definitivamente no es la palabra que yo hubiese utilizado para alguien que me entrega a mis enemigos con piedras y palos.

Pensando en esto caigo en cuenta que el concepto de Jesús de amistad no gravitaba sobre lo que otros podían hacer por él, sino lo que él podía hacer por otros.

A quien él le diera su mejor tiempo, su mejor espacio, su mejor sonrisa, su mejor conversación se volvía en efecto su amigo.

Así mismo he entendido que mi mejor amiga debe ser mi esposa y que quien está primeramente llamado a cultivar nuestra amistad soy yo. Qué quién primeramente debe volverse amigo soy yo, que quién en todo momento debe de tratar de dar lo mejor de si debo ser yo.

Y es que esto suena demasiado extremista en tiempos donde corren vientos tan egoístas en nuestra sociedad, pero imagina que pasaría si cada esposo y esposa pensará así, sin duda nuestros matrimonios serían más sólidos porque quienes lo conforman son cada vez más amigos, más cómplices de vida.

La certeza de que cada detalle cuenta

Hace un tiempo en la China un hombre harto de su mujer fue a ver una bruja ya que deseaba que esta le diera una pócima para deshacerse de su esposa, la bruja escuchó su causa y le dio un brebaje que la iría matando de a pocos, eso sí al salir el hombre la bruja le sentenció de que este debía comenzar a tratar mejor a su esposa con detalles para que cuando esta falleciera la policía no sospechara de él.

Al cabo de varias semanas el hombre entró muy agitado al consultorio de la bruja para pedirle una pócima que revertiera la muerte segura de la que según él su esposa estaba a punto de sufrir, al escucharlo la bruja le respondió que la pócima era un simple polvo de hierbas, ya que sabía que sí él ponía de su parte el amor florecería nuevamente.

Así como el hombre de nuestra historia debemos de recordar que sí vas a cargar algo en tu equipaje para tu familia no se te olviden los detalles.

Esos detalles salvan matrimonios y restauran lazos, llamadas no para controlar sino para hacer saber a nuestro conyugue que le extrañamos, el chocolate que más le gusta, las pantuflas al lado de la cama, el periódico en la mesa a la mañana, una carta que no se esperaba, una salida sorpresa, estos detalles marcan para bien nuestros matrimonios y aún estos son sanadores.

La seguridad que caminan con Dios

Todo barco necesita de un ancla, toda casa de un fundamento, todo matrimonio de una relación creciente con Dios.

Siempre me doy cuenta que mis peores decisiones fueron aquellas en las que no incluí a Dios, también que los días en que más irritable me puse fueron aquellos en los que no entre en contacto con el Señor.

Y es que algo excelente de una verdadera relación con Dios es que esta no queda en el plano de lo abstracto o de lo vertical solamente, sino que ella se extiende a los costados y se comparte hacia lo horizontal tocando las vidas de quienes están a nuestro lado.

No podemos creer que el matrimonio lo podemos llevar solos, debemos creer que Dios está dispuesto, pronto y cercano para buscar nuestro favor y bendecir siempre nuestra relación, me gusta recordar que el primer milagro de Jesús mientras estuvo en la tierra, corrió entre las risas de una fiesta de boda en Canaán, para una familia que recién comenzaba su camino y a quienes en su fiesta el vino se les terminó mucho antes de lo que debería pasar.

El no quería que la fiesta terminara, tampoco de que se hablara mal de los novios ni que estos recordaran con pesadez aquél día, a él le importaba su relación y estuvo dispuesto a hacer un milagro para ellos.

Así mismo nuestro Dios es el primer interesado que nuestro matrimonio se fortalezca y que el vino nunca se termine, él está dispuesto a mostrarnos su poder y misericordia, pero para esto y entender su corazón nuestra relación con él debe de crecer cada día.

Así que no olvidemos llevar estas tres cosas en el corazón de nuestro matrimonio no las saquemos porque nos implica mucho costo, tampoco las cambiemos por cosas que no valen pena y que solo conspiraran en contra de lo que Dios un día unió…